Ideales y olvido*
Esa “esencia” o espíritu revolucionario de muchos y muchas, en la mayoría de los casos es mera moda o tendencia pasajera… Es más bien resultado de la necesidad de sentirse parte de una realidad menos violenta, discapacitante y que no ofrece oportunidades de plenitud (laboral, espiritual, emocional, etc.)…
Es muy, muy raro cuando esos aires rebeldes, contestatarios, revolucionarios, transgresores y revoltosos son genuinos y se mantienen.
En la mayoría de los casos nacen y crecen durante los primeros años de “conciencia social y política” y mueren a medida que los años se acumulan; y en pocas personas se desarrollan plenamente. Incluso, son, en ocasiones, más bien producto de la hormona, más que de la neurona.
Y no es malo (es humano) tener un ideal y olvidarlo con el tiempo, pues esa es una de las funciones del tiempo: diluir.
Lo que sí es malo (y desafortunado) es no percatarse de esa cruel virtud del tiempo y permitirle que diluya sueños e ideales. Y lo que es peor es estar consciente del desgaste de los ideales y no renovarlos de manera cotidiana.
*El atinado título es cortesía de Víctor Hugo Téllez (@HugoPanQro)